Lo difícil es encontrar esas virtudes, por eso me tomo la libertad, palabra que usé mucho la semana pasada, de escribirle a Dios. Al escribirle a Dios más que buscar mi corazón estoy buscándolo a Él. También hay un poco de literatura.
Soy sólo una parte de la inocente que escribe estas cartas; ni siquiera es verdad que esté sentada en el huerto, y físicamente no me parezco a ella, más allá de que en el texto no existe ninguna descripción de la escritora de cartas a Dios.
Pero aun así la veo: está más modestamente vestida que yo, que parezco a veces un arbolito iluminado para las fiestas; tiene la cara mucho más fresca. Sus gestos son suaves y su piel es morena. Los párpados, lo único de sus ojos que distingo cuando está inclinada rezando o escribiendo, tienen una bella pesadez.







No hay comentarios:
Publicar un comentario