Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto
Rodando a goteras solas, a aguitas como dientes, a espesas goteras de mermelada y sangre, sudor y lagrimas

Criaturas En La Noche No Me Dejan Respirar

Criaturas En La Noche No Me Dejan Respirar
Bailando sobre la felicidad que vendrá

martes, 8 de abril de 2014

Ultima Hora

El ocultismo y la alquimia, alguna vez englobados en una sola palabra, magia, no son exclusivos de ninguna época; en todas las épocas hay un nacer y un morir que pertenecen a esa otra realidad, que poco o nada tienen de “naturales” y mucho, sí, de misteriosos -el nacer y el morir, digo.
Actualmente esa “otra realidad” ha adquirido matices más universales, y quizás alarmantes.
Se dice que vivimos en la Era de Acuario y que ésta empezó con los Beatles, los hippies, el musical de rock Hair.
Significaría el reverdecer de tendencias de amor y de fraternidad.
Comprende, además, disciplinas que abarcan desde la vida extraterrestre hasta la vida antes de la vida, hasta la vida después de la vida sin intervención de dioses sino de científicos, como la crioconservación de los cuerpos hasta que despertemos en quién sabe qué siglo inimaginablemente futuro; la ecología, la medicina holística. Algunos psicólogos han optado ahora por un aggiornamiento de Carl Jung, e incorporan terapias astrológicas o de vidas pasadas, y muchos médicos incluyen la oración entre sus prescripciones más conspicuas. ¡Bendita confusión, santísimo caos!.
Es que, como lo anticiparon Einstein y una gran variedad de poetas anteriores a él, la realidad es absolutamente relativa. Sería, según Octavio Paz, como una mariposa de alas dobles. Un para de alas abarcaría la realidad que vemos; el otro par,  aquella que, también invisible, se extiende a años y kilómetros de nuestros desafinados sentidos.

Todo lo que escribí al principio de esta nota, más el hecho de haber permanecido durante varios días junto a un bebé recién o casi recién nacido que me miraba con ojos indudablemente pensantes, me hizo buscar entre mis papeles un viejo manuscrito que escribí poniéndome en el lugar de mí cuando nacía, que me pareció auténticamente dictado por esa niña que acababa de nacer hacía años.

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